La Virgen de la Cabeza, la leyenda

  • La Virgen de la Cabeza, la leyenda
  • Fecha: 28/06/2016

Todo empezó allá por el siglo XVI, cuando por las costas granadinas navegaban barcos de mercancías provenientes de Portugal. Aceite,  cereales y tejidos llegaban días tras día al puerto motrileño, punto de encuentro de marineros, mercaderes y terratenientes, que entre el bullicio de la lonja conseguían cerrar suculentos negocios.

En una de estas expediciones, unos marineros portugueses llevaron consigo una talla de Nuestra Señora de la Cabeza para protegerse de las inclemencias del mar, ya que de esa época, aún se conservan testimonios de cómo tripulaciones enteras se perdían entre las olas embravecidas.

Ninguno de ellos contaba con más seguridad que dicha imagen y su propia valentía cuando decidieron lanzarse a un océano que amenazaba constantemente  con arrastrarlos hasta su fosa más profunda. Sin embargo, esto no achantó a los aventureros; y con el miedo como polizón, prometieron a la virgen dejar su imagen en el primer lugar donde las aguas se calmaran.

Después de vivir durante días las más violentas tempestades, los intrépidos portugueses consiguieron atracar en la costa de Motril, pero olvidaron dejar allí la talla, descuido que les obligó a pasar de nuevo por todas las dificultades de una semana atrás.

Por suerte, el capitán del navío se dio cuenta de su error y mandó a su tripulación regresar a Motril para dejar a La Virgen de la Cabeza en el lugar que le correspondía.

Desde ese momento,  ella es la que protege a todos los marineros de este lugar, la que vela por la mar y la que recibe a todos los que llegan del otro lado del estrecho, esos que, al  igual que hace cinco siglos buscan asilo y descanso.